The Shining
Una crítica de Miguel
Ángel Torres
Corría el año 1977 y
Stanley Kubrick se encontraba ya en la cima del Cine siendo uno de los
directores más famosos del mundo. Algunos lo consideraban un genio, otros una
pantomima de un cine vacio pero muy bello exteriormente, pero lo que estaba
claro es que Kubrick levantaba pasiones a todo el que veía sus películas.
Nació en Nueva York el 26 de julio de 1928 y hasta aquel momento había dirigido un una película tras otra sin parar, la reencontrada recientemente Fear and Desire, Killer’s Kiss, The Killing, Paths of Glory, Spartacus, Lolita, Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 2001: A Space Odissey, A Clockwork Orange y Barry Lyndon. Todas grandes películas que daban la imagen de visionario y gran autor a Stanley Kubrick a lo que se unía el misticismo hacia su figura ya que era casi invisible de cara a la imagen pública.
Barry Lyndon fue un fracaso comercial y crítico como tantos otros han tenido genios del cine de gran renombre como Alfred Hitchcock, Brian de Palma, Polanski o David Lynch. Sin embargo al director le importaba bien poco la taquilla de sus películas y en aquellos tiempos ya andaba rondando un proyecto al que le tenía mucho cariño, una adaptación del relato de Brian Aidiss Supertoys Last All Summer Long, que seguiría en píe durante toda su carrera y que el destino quiso que nunca pudiese ver realizado debido a su muerte. Tras esta, el proyecto fue a parar a Steven Spielberg, el rey Midas de Hollywood, que lo realizó e Artificial Intelligence como homenaje a gran maestro que fue Kubrick pero que no consiguió plasmar del todo las ideas que este tenía para la película. Sobre todo por el exceso de azúcar y sentimentalismo que acompaña a Spielberg en todos sus filmes. Pero eso es otra historia.
En 1977 la Warner Brothers, que hasta entonces había producido a Kubrick, llamó a este para ver si estaba interesado en un proyecto sobre un escritor de novelas de terror de moda: Stephen King, el cual había sido lanzado al estrellato después de que un gran director como Brian de Palma adaptará su novela Carrie y la convirtiera en una excelente cinta de terror y suspense marca de la casa y que generó una muy buena taquilla.
A Kubrick le encantó la novela y la historia que de ella podría sacar pero Stephen King no le gustaba nada el director, siendo uno de los muchos “fans” que detestan la obra de Kubrick. A todo esto se unía los grandes egos de ambos autores y la rotunda negativa que Kubrick tenía de moverse de Londres para realizar nada. Aún así al final se acordó que King escribiría un primer borrador de la película el cual, y como era habitual en el director, no acabó llegando a ninguna parte.
Todo esto molestó a King el cual vio como ninguna de sus ideas estaba plasmada en el tratamiento que Kubrick le mando tiempo después. Para King, The Shining era una historia más de casas encantadas que se apoderan de sus dueños. Con un enfoque algo más novedoso pero nada que no se viese anteriormente en joyas del fantástico como The Haunting, The Legend of Hell House o la muy similar en contenido Burnt Offerings de la que el libro de King coge muchos temas. Sin embargo Kubrick no estaba de acuerdo con esa visión tan simplista de King. Para él, todo el origen del mal se encontraba en el personaje de Jack Torrance, y el hotel Overlook lo único que hacia era catalizar toda esa ira y maldad que se encontraba en su interior. Esto queda muy claro en el final de la propia película cuando Kubrick hace ese enigmático plano detalle a uno de los cuadros del salón del Overlook y se descubre a Jack o un antepasado de este dentro de una fotografía de los años 20. Es Jack quien se encuentra unido al hotel y no al revés, repitiendo la misma historia una y otra vez cual fantasma encerrado en su bucle espacio-temporal del cual no puede salir.
Hay quien ve en el personaje de Jack Torrance un trasunto del propio director que intentaba poner en orden su mente y que lo que este intentaba era hacer un drama sobre la destrucción de las relaciones humanas. La historia de la familia idílica que sumida en un entorno claustrofóbico, sin opción de salir al exterior, se va consumiendo cada vez más en una espiral de destrucción. Todo esto se corrabora cuando el propio director es quien pone como influencia esencial de la película una obra titulada The Blue Hotel cuya historia gira alrededor de unos desconocidos que conviven en un hotel que al final acaban matándose unos a otros.
Se pasó así de considerar a Jack como un ser bondadoso e integro que se ve sumido en la locura porque unos espíritus lo controlan a un personaje mucho más oscuro que se va degradando poco a poco pero cuya violencia hacia su familia está bastante clara desde el inicio del filme. Nótese como en una de las escenas del principio el pequeño Danny está practicando el tiro a la diana como si supiera que un enfrentamiento va a darse en los sucesivos días y debe estar preparado. El cambio, como todo lo que realizaba Kubrick, fue a mejor como se verá posteriormente cuando Stephen King ruede junto a un amigo suyo, experto en adaptar sus libros con mejor o peor fortuna, Mick Garris, su propia versión de The Shining que no tiene ni punto de comparación con la obra de Kubrick, por excesiva, tediosa y poco aterradora. Todo lo contrario a la de Kubrick, vamos.
Tras las iras constantes de King con el proyecto, el director acabó contratando a una novelista residente en Illinois, Diana Johnson, la cual dotaba a sus personajes de una naturalidad y humanidad que era justo lo que Kubrick buscaba para los suyos. Aunque como pasó con King, la fuerte personalidad de Kubrick hace que no sepamos hasta que punto hay ideas de la escritora en el guión final de la película.
En cuanto al reparto, Kubrick sabía desde el principio que el papel de Jack Torrance debía ser para Jack Nicholson, el cual le había asombrado en la película One Flew Over the Cuckoo’s Nest de Milos Forman, el cual no estaba pasando por su momento debido a todo el asunto relacionado con la supuesta violación de una chica por su gran amigo y para quién protagonizó Chinatown, Roman Polanski, el cual tuvo que huir a Francia (cosa que profesionalmente le vino de maravilla pues no sabemos si el director habría rodado tantas grandes películas de haberse quedado en Hollywood).
Para la actriz se contrató a Shelley Duvall cuya apariencia daba justo lo que el personaje de la mujer de Jack Torrance requería: fragilidad y sometimiento. Un punto dónde la miniserie de King se equivocó totalmente dando el papel a Rebecca de Mornay cuya fuerza y vigorosidad hacia comerse en momentos por enteros al Jack Torrance de Steven Webber.
El niño, interpretado por Danny Lloyd, fue escogido entre una gran multitud en los castings que se hicieron para la película. El que fuera un completo desconocido y no alguien más famoso le dio la empatía con el público que la película necesitaba con su personaje.
Las localizaciones y como era habitual en Kubrick fueron totalmente grabadas en unos estudios de Reino Unido aunque los planos exteriores fueron tomados por un helicóptero en el hotel Timberline Lodge. Pero sólo los exteriores ya que los interiores son una reconstrucción minuciosa de otro hotel, el Ahwanee Lodge
El rodaje fue uno de los primeros en contar con la tecnología de la Stedy-Cam, tanto es así que Kubrick llegó a llamar a su creador para que grabase el mismo los planos que requerían de esta.
Pero también fue un infierno debido al detallismo y perfeccionamiento que Kubrick llevaba en sus películas. Duvall se desmoronó en el rodaje en diversas ocasiones y Nicholson, que ya de por si tenía los ánimos cambiantes empeoró mucho más. Tanto es así que es difícil descifrar cuanto hay de fingido y de real en la cinta.
Es muy interesante el juego que Kubrick plantea al espectador durante toda la película. Cuando en la mayoría de cintas del género el espectador siempre toma como punto de partida la visión de la víctima, en The Shining sucede todo lo contrario. El espectador se mete de lleno en la mente de Jack y se convierte en el malo de la función. Somos testigos de su maldad, de su locura, sus visiones…quedando en segundo plano su esposa y su hijo, que podría ser el auténtico continuador del padre con ese mal que lleva en su interior pero que no llega a explotar. Una teoría plausible podría ser que las visiones que Danny tiene, su doble personalidad, etc son fruto de su padre al haberlo engendrado y tal y como ocurre con este el hotel cataliza ese mal y lo plasma en forma de visiones aterradoras.
Este punto de vista del malo queda muy explícito en la escena de los hachazos en el cuarto de baño dónde Kubrick nos muestra tanto a su mujer y a su hijo sufriendo como al propio padre queriendo acabar con su familia.
Ya desde su arranque con ese magnífico plano aéreo uno se da cuenta que no se encuentra ante la típica cinta de terror. Desde los primeros segundos nos vemos inmersos en la locura, gracias sobre todo a un grandioso tema compuesto por Wendy Carlos que toma como referencia el Dies Irae medieval (muy apropiado para todo lo que va a pasar) y más adelante con una excelente selección de temas de otros compositores (como acostumbraba Kubrick en todos sus filmes) entre los que se encuentran entre otros Krzysztof Penderecki, Giörgy Ligeti o Bela Bartok.
Dentro del hotel se sucederán unas tras otras las horribles visiones de Danny y su padre, algunas enmarcadas ya para la posteridad en la historia del cine como la aparición de las gemelas, esa puerta del ascensor que comienza a emanar sangre sin parar o la felación que un hombre disfrazado de perro hace a otro hombre en una escena casi subliminal como muchas de las que pueblan la película. Todo un festival del horror que poco a poco se irá acrecentando hasta llegar a ese final en el laberinto.
Este laberinto, tanto físico como metafórico de la propia mente de Jack Torrance no se encuentra en el libro de King en ningún sitio, aunque luego él cogiera la idea para el laberinto de figuras de animales que se encuentra en su miniserie. De hecho casi ninguna de las escenas más horripilantes de la película se encuentra en la novela con lo cual se ve el respeto que Kubrick tenía con el material de King. Él no quería hacer una adaptación del libro, él quería hacer su propia película con algunas ideas de este y poco más. Tanto es así que la habitación 237 es en realidad la habitación 217. El reciente documental Room 237 explora estos cambios entre otras cosas y aunque se vuelve demasiado conspiranóico en ciertos momentos es cierto que resulta muy interesante de visionar en otros para comprobar cómo ha afectado la película a ciertas personas.
The Shining funcionó bien en taquilla desde el principio, no tanto con la crítica la cual la trató duramente al considerarla una adaptación fría y pésima de la obra de Stephen King, El propio King quedó muy descontento y hay una anécdota que dice que lo que más le dolió fue ver que el Volkswagen rojo de su novela se convertía en amarillo en la película pero que en la propia si hay un Volkswagen rojo. Enterrado en la nieve y accidentado en una escena donde Halloran conduce hasta el Hotel Overlook para salvar a la familia. Por cierto, Halloran tampoco muere en el libro. Y eso que King es el rey del terror.
Este mal recibimiento hizo que Kubrick cortase el metraje de 143 minutos de la versión estadounidense a 114 en la versión europea. Hoy en día con toda la tecnología que existe al alcance de cualquier persona es fácil de encontrar y comprar el dvd estadounidense de la película y comprobar los cortes y cambios que hay en la versión europea.
A pesar de todo esto, The Shining es junto con The Exorcist una de las cumbres del horror moderno, que aún sigue aterrorizando a quien la ve y que lo hará por los siglos de los siglos.
Pues el mal es eterno
